2 de noviembre · Conmemoración de todos los fieles difuntos

Oración en familia por nuestros difuntos

Una guía sencilla para rezar en casa o en comunidad por nuestros familiares y amigos difuntos.

Fuente: Plan de Pastoral de noviembre, Vicaría de Pastoral3 min de lectura
Presbiterio de la Parroquia Jesús Maestro

El lunes 2 de noviembre la Iglesia conmemora a todos los fieles difuntos. Esta guía de la Vicaría de Pastoral ayuda a rezar por ellos en familia o en comunidad. Pueden preparar unas velas, una cruz y, si lo desean, las fotos de sus seres queridos.

1. Introducción

Quien preside: Es el Señor quien nos reúne para orar por nuestros familiares difuntos, con quienes nos mantenemos unidos por la oración y el recuerdo, hasta que nos encontremos todos junto al Padre para toda la eternidad. Encendamos ahora estas velas, que nos recuerdan a Jesús, luz que ilumina las tinieblas de la muerte, y a quien le pedimos que los tenga en su Reino de luz.

2. Aclamación

Quien preside (tres veces): Quien cree en ti, Señor,
Todos: no morirá para siempre.

Pidamos misericordia por nuestros familiares y amigos difuntos:
Señor, ten piedad de ellos. Señor, ten piedad de ellos.
Cristo, ten piedad de ellos. Cristo, ten piedad de ellos.
Señor, ten piedad de ellos. Señor, ten piedad de ellos.

3. Oremos

Padre bueno, tú que eres el Dios de la vida, te rogamos por nuestros hermanos difuntos, para que gocen eternamente entre tus santos y elegidos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

4. Lectura bíblica

Primera carta de san Pablo a los Corintios 15, 20-22.25-26: «Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida».

5. Meditación

La muerte siempre es para nosotros una realidad dolorosa. Pero los cristianos tenemos una buena noticia: Cristo la venció con su cruz y su resurrección, y desde Jesucristo la muerte no es la última palabra. Por el bautismo hemos muerto y resucitado con él; lo importante ahora es que vivamos como resucitados, lejos del pecado y caminando por el camino del Señor.

6. Intercesiones

A cada petición respondemos: Te lo pedimos, Señor.

  • Tú, que resucitaste a los muertos, concede la vida eterna a nuestros hermanos difuntos.
  • Tú, que desde la cruz prometiste el paraíso al buen ladrón, acoge a nuestros hermanos difuntos en tu Reino.
  • Tú, que experimentaste el dolor de la muerte y resucitaste gloriosamente del sepulcro, concede a nuestros hermanos difuntos la vida feliz de la resurrección.
  • Tú, que lloraste ante la tumba de tu amigo Lázaro, dígnate enjugar las lágrimas de quienes lloramos la muerte de nuestros hermanos difuntos.

Concluimos con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro…

7. Oración

Señor, nuestra vida es corta y frágil; la muerte que contemplamos hoy nos lo recuerda. Pero tú vives eternamente, y tu amor es más fuerte que la muerte. Llenos de confianza, ponemos en tus manos a nuestros hermanos difuntos. Perdónales sus faltas y acógelos en tu Reino, para que vivan felices en tu presencia por los siglos de los siglos. Amén.

8. Responsorio final

A cada invocación respondemos: Quien cree en ti, Señor, vivirá para siempre.

  • Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.
  • Si por Adán morimos todos, por Cristo todos volveremos a la vida.
  • Felices los que mueren en el Señor: la vida les espera.
  • El Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos vivificará nuestros cuerpos mortales.

Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Que nuestros familiares, amigos y bienhechores difuntos, y todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén. Ave María…

«Yo soy la resurrección y la vida».Juan 11, 25